Mi restaurante abre los siete días de la semana y los fines de semana suelen ser los de mayor asistencia tanto ahí, como en servicio para llevar y entrega a domicilio. Pues entonces, hay que preparar más cosas y desde hace tiempo yo soy el encargado de preparar la tradicional sangría madrileña. En el restaurante aunque tenemos los productos de Coca-Cola, tenemos la idea de que la gente acompañe su paella con un buen vino o con una refrescante sangría, y el calor de la ciudad coopera con mi idea. Hoy sólo vendimos refrescos a una mesa, el resto bebió sangría. Pero ahora me estoy enfrentando al problema de que nunca preparo la cantidad suficiente de sangría, pero me da miedo hacer y tener que tirarla, algo se me ocurrirá. Pero hasta ahora los comentarios de la sangría son muy buenos y me da mucho gusto, a nivel personal. Claro, he ido compartiendo la receta con quienes trabajan conmigo, y la gente cuando vuelve al Kinesiologas, pide sangría, incluso si no se terminan las jarras, la piden para llevar. Y yo me pongo contento.
Alimento para su ego
Pero por supuesto que necesito ayuda, y por supuesto que la tengo. En estas últimas dos semanas he contado con mi asistente personal en el restaurante, me ayuda en todas las
Kinesiologas, limpieza, preparación de sangría, de alimentos, atención al cliente, reparto y sobre todo, me hace compañía. Lo que más disfruta es preparar la sangría, y se ha vuelto también un experto, lo curioso es que sólo tiene 11 años y es mi vecino, vive frente a mi casa, pero en estas vacaciones sus padres decidieron que no querían tenerlo todo el día en casa, y sugirieron que se integrara a las filas de mi establecimiento. Y como me cae bien, acepté, además está bien que vaya aprendiendo lo importante del trabajo, el verdadero valor del dinero, y la verdad es que se divierte mucho. Al principio no sabía cual era su puesto dentro del lugar, pero dado que lo que más disfruta es ayudar en la preparación de alimentos y bebidas, lo he nombrado: El Pinche Gian.
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